Por qué visitarlas
Las playas de Príncipe son la imagen que atrae a viajeros de todo el mundo: arcos de arena dorada entre promontorios de roca volcánica negra, con la selva derramándose hasta la línea de la marea y nadie más a la vista. No hay chiringuitos, tumbonas ni vendedores. La mayoría de los días, los únicos visitantes son los pescadores y alguna que otra garza.
La más famosa es Praia Banana, una media luna con forma de plátano bajo la antigua plantación de Belo Monte, de la que suele decirse que apareció en un anuncio de ron en los años noventa. Cerca están las más salvajes Praia Macaco y Praia Boi. En la costa noroeste se extiende la larga playa de Sundy, respaldada por la selva, y en el extremo norte de la isla, las playas gemelas de Bom Bom.
Dos de esas playas acogen los lodges más conocidos de la isla, ambos del grupo HBD Príncipe, que ha vinculado su actividad turística a la conservación y al empleo local: los bungalós de Bom Bom y las villas-tienda de Sundy Praia.
Cuánto tiempo quedarse
Tres noches es el mínimo que justifica el vuelo; con cuatro o cinco se pueden alternar días de playa con una salida en barco y una visita a una roça sin estar pendiente del reloj.
Dónde instalarse
Para tener la playa a la puerta, lo indicado es un lodge. Para gastar menos, se puede dormir en Santo António y llegar a las playas en coche o en mototaxi: Praia Banana queda a una media hora.
Lo mejor de Playas de Príncipe
- La vista de Praia Banana desde el mirador de Belo Monte
- Una playa entera sin nadie más, la mayoría de las veces
- Esnórquel sobre las rocas frente a Praia Banana y Bom Bom
- Recorrer el sendero de selva entre Praia Macaco y Praia Boi
- El desove de las tortugas en Praia Grande (en temporada)
- El atardecer desde la costa noroeste






